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FILGUA 2026 Y LA PAZ 1996

Julio es el mes de FILGUA, la Fiera Internacional del Libro Guatemala, donde el Instituto Italiano de Cultura como todos los años presenta su ventana sobre la literatura italiana con un pequeño stand, en el que este año se vendieron 258 libros. Es interesante subrayar que 46 de estos libros fueron de gramática, adquiridos por quienes estudian o
tienen intención de empezar a aprender italiano, y 212 libros de literatura.

Llegando hace diez meses en Guatemala a la dirección del Instituto, esta fue “mi primera FILGUA”, y la verdad es que no imaginaba que en Guatamala se leyera tanto en idioma italiano, me sorprendió mucho, no lo esperaba y me dio mucha felicidad descubrir que hay tanto interés hacia nuestra literatura en idioma original, y me encantó dar
consejos, sugerir libros, junto a nuestra empleada Sonia, que aprovecho para agradecer una vez más por su trabajo diario en el stand.

Este año hubo la feliz coincidencia que justo el segundo día de FILGUA en Italia se nombraron los ganadores del Premio Strega, el máximo galardón literario que se puede ganar en Italia. Creado en 1947, está destinado al autor del mejor libro de ficción escrito en italiano. Así que los libros que ya estaban en venta como “candidatos al Premio
Strega” estuvieron presentes en la clasificación final del premio literario. Fue una ocasión para impulsar autores contemporáneos, desconocidos al público, dentro del diseño de esta dirección de ir más allá de los clásicos que la mayoría del mundo conoce. En Italia hay escritores y escritoras que siguen escribiendo historias magnificas que merece la pena conocer.

El Instituto Italiano de Cultura quiso también unirse al tema de FILGUA 2026, “la paz”, y acercarse a la cartelera de la feria y del País invitado Alemania, que felicitamos por su grande y hermoso trabajo en la feria, presentando un libro que fue publicado por primera vez casi hace veinte años pero que merecía la pena retomar porque interesa la historia reciente de Guatemala, y porque consideré que FILGUA era el espacio y el momento ideales para llevar a la luz una historia todavía poco conocida en Italia y en Guatemala, la de la contribución italiana al complejo proceso de paz.

Es el libro “Dar una mano a la paz. Crónica de la facilitación de la Comunidad de San Egidio en el proceso de paz de Guatemala (1995-1996)”, de Roberto Bonini, que fue presentado domingo 12 juilio en el Salón Marilena López en FILGUA.

Roberto Bonini fue responsable de las actividades de cooperación para el desarrollo de América Latina de la Comunidad de San Egidio desde 1992 hasta 1997.

Poco se conoce del rol que la Comunidad de San Egidio tuvo en las facilitaciones de los acuerdos de paz: un increíble trabajo diplomático para que las partes pudieran encontrarse directamente, pudieran hablarse personalmente cara a cara.

De hecho, en la última fase del proceso de paz en Guatemala, se realizaron diversos encuentros secretos de diálogo entre los Presidentes Ramiro de León Carpio primero y después Álvaro Arzú por un lado y la Comandancia General de la Guerrilla por otro lado.

A través de su testigo personal, la reconstrucción de los contenidos de las reuniones y una serie de entrevistas a los protagonistas, Roberto Bonini narra un segmento significativo y poco conocido de las negociaciones de paz, cuando el Gobierno y la Guerrilla lograron establecer un nivel de confianza y un reciproco respecto que permitió llegar por fin a la firma de los Acuerdos, culminada con la mediación oficial de la ONU.

Aprovecho para definir que es la Comunidad de San Egidio.

Es una comunidad cristiana que nació en 1968, recién finalizado el Concilio Vaticano II, por iniciativa de Andrea Riccardi en un instituto del centro de Roma en Trastevere. Con los años se ha convertido en una red de comunidades que se ha extendido por más de 70 países, formada por hombres y mujeres unidos en la escucha del Evangelio, y en unos valores compartidos cuales la amistad con los necesitados, ancianos, personas sin hogar, migrantes, discapacitados, presos, niños de la calle y de las periferias, la fraternidad y la paz, y también en la firma convicción que la guerra es la madre de todas las pobrezas. “Por eso la Comunidad trabaja por la paz, para protegerla allí donde está amenazada y para ayudar a reconstruirla facilitando el diálogo allí donde se ha perdido. Para San Egidio trabajar por la paz es una responsabilidad de los cristianos, forma parte de un servicio más amplio en favor de la reconciliación y la fraternidad que se concreta, entre otros, en el trabajo ecuménico y en el diálogo
interreligioso según el “espíritu de Asís”.”

La Comunidad de San Egidio ya en 1992 había tenido una experiencia similar en Mozambique acompañando al País en un proceso de negociación que tuvo lugar en la sede de Trastevere, llegando el 4 de octubre de 1992 a la firma de un Acuerdo General de paz que puso fin a 16 años de guerra civil. El secretario de la ONU de entonces, Boutros-
Ghali, definió esta capacidad de negociación con una expresión interesante, habló de «fórmula italiana» para describir la «actividad pacificadora» de la Comunidad, «única en su género» porque está formada por «técnicas caracterizadas por la confidencialidad y la informalidad».

La Comunidad de San Egidio no se limitó al trabajo diplomático que llevó a la firma de los acuerdos, siguió después acompañando el País en la construcción de la paz, a través varios programas de desarrollo y cooperación económica, social y cultural, por ejemplo a través de las Escuelas de Paz que la Comunidad abrió en docenas de ciudades
y pueblos donde crecieron las nuevas generaciones, que desarrollaron un vasto movimiento de Jóvenes por la Paz en todas las instituciones del País. Lo mismo hizo en Guatemala.

De hecho el mismo Roberto Bonini fue experto consultor del “Proyecto de apoyo a
la Secretaria de la Paz SEPAZ, coordinador editorial de la colección “Cultura de Paz” con
10 publicaciones entre 2003-2005 en colaboración con FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales), Director del proyecto Cultura de Paz en Guatemala de la Unesco, financiado por la cooperación italiana, consultor senior en el proyecto “jóvenes y violencia en Centroamérica” con la realización de fórum para favorecer la elaboración de políticas públicas en la prevención de la violencia juvenil en Centroamérica, coordinador local del IILA del proyecto “fortalecimiento del Sistema de Justicia Juvenil en Guatemala”, responsable de las actividades de la Cooperación italiana en Guatemala, y coordinador del proyecto ALMA, del Instituto per la Cooperación Universitaria, para el empoderamiento económico y social para mil mujeres, en mayoría cachiqueles, de las áreas rurales de Guatemala.

La narración de Roberto Bonini fue interesante, apasionada, emocionante, nos hizo sentir más fuerte los lazos que unen nuestros Países. Esperamos seguir presentando su libro en Italia también.

Mientras tanto, quiero agradecer el Archivo Histórico Diplomático del Ministerio de Relaciones Exteriores por el profundo y fundamental apoyo en la investigación que hice en Roma en la sede del archivo hace unos meses, sobre los años 1995-1996. De esta investigación resultó que las partes involucradas en las negociaciones de paz respectaron
el vínculo del secreto propuesto por la Comunidad de San Egidio. A lo largo de dos años, nadie se enteró que el Presidente de la Republica de Guatemala y la Comandancia General de la Guerrilla cruzaban el océano para encontrarse en Roma, en París o en México.

Esto significa que la facilitación de la Comunidad de San Egidio fue un éxito, funcionó y dejó sorprendidos a todos en Roma, en el Ministerio de Relaciones Exteriores y en la Embajada de Italia en Guatemala, donde con grande sorpresa aprendieron que hubo encuentros secretos a lo largo de dos años, sólo cuando estos hechos llegaron oficialmente a la opinión pública con un Comunicado Oficial de ambas partes.

Anna Zolfo