Cuando llega la primavera, inmediatamente después de la Pascua, empezamos a soñar con el
verano y las vacaciones bien merecidas. El clima mejora, las horas de luz aumentan y alargan los
días. Pero de año en año las cosas van cambiando, sobre todo en el clima: en Torino el calor
veraniego insoportable se limitaba a unos días en julio y agosto; un ventilador era suficiente para
contrastar los 27 o 28 grados que ya nos parecían límites africanos. En los balcones de los edificios
no se veía ni un motor de climatizador, ni huellas de agua de condensación en las aceras.
En un tiempo relativamente breve nos “tropicalizamos”: lluvias intensas y repentinas, granizo de
tamaño exagerado, muchas veces destructivo de cultivos, carros, vidrios, techos, árboles. En el
presente verano, la temperatura empezó a subir drasticamente ya a finales del mes de mayo. En
junio y julio muchas veces el termómetro pasó los 40° en varias regiones. Ahora en Torino estamos
alrededor de 28-32°, esperando para el principo de agosto la cuarta ola de calor extremo.
El cambio climático ya es un factor macroeconómico estructural que está produciendo otro
cambio en nuestras existencias: tendremos que adaptarnos a otro estilo de vida, de organización
diaria, probablemente de comida, de salidas, de vacaciones, de estudio…, enfrentando facturas de
electricidad y de agua más caras.
Pero hasta ahora solo nos limitamos en considerar nuestro mundo pequeño, nuestro “jardín”. La
señal de alerta vino a despertarnos en estos últimos días a través de unos reportajes en los
medios: el cambio climático ya está afectando de forma medible la economía italiana. Los estudios
más recientes afirman que “Italia podría perder entre 1,6% y 6% de PIB antes de 2050, debido al
calentamiento global, con efectos directos sobre infraestructuras, turismo, finanzas públicas y
productividad. Piamonte muestra impactos específicos ligados a su estructura industrial y
territorial (10.000 empresas con alto uso de agua, 7000 de estas son pymes).
¿Lo habíamos pensado? Nosotros gente común o “clase media”, como se define ahora la mayoría
trabajadora, ahorradora y silenciosa de la población, ¿Lo hubiéramos imaginado? ¿Qué quiere
decir esto exactamente?
Las repercusiones se miden en la reducción del crecimiento económico y de la estabilidad
macroeconómica: reducción de la productividad de los trabajadores en condiciones climáticas
adversas, mayor vulnerabilidad del tejido productivo, reducción del PIB, aumento de la deuda
pública. Las infraestructuras sufren daños importantes causados por inundaciones, tormentas,
olas de calor, incendios, interrupciones de servicios y logística. Además, con el aumento
permanente de la temperatura entre 2 y 4 grados, la demanda turística podría caer o seguramente
modificar su calendario y destinos. El agua también ya es y será un problema: sequía por un lado
(con problemas de alimentación en agua potable o para la agricultura, la industria y la tecnología),
por otro lado, subida del nivel del mar con reducción o desaparición de playas e instalaciones en la
mera costa.
Todo esto está muy cerca de nuestra realidad. Piamonte es una de las regiones con fuerte
presencia industrial y agrícola, por ello los riesgos que enfrenta imponen una urgente adaptación
empresarial, lo que hacen las empresas más grandes y tecnológicamente avanzadas, mucho
menos las pymes que no adoptan estrategias de mitigación suficientes. A nivel nacional, solo 14%
de las pymes ha integrado medidas de adaptación.
En Piamonte, según una investigación que incluyó más de 2000 empresas, 40% de ellas se
concentra en la provincia de Torino, 20% en la de Cuneo. Los sectores vulnerables son
principalmente los cultivos sensibles (vid, fruta, avellana, arroz), las manufacturas (aumento de costos de energía, reducción de productividad), la montaña y el turismo invernal. Muchas
empresas aún muestran insuficiente preparación al enfrentar los riesgos que ya se pueden
considerar comunes y las consecuencias de eventos extremos; inundaciones, derrumbes,
incendios, etc.
No se puede cancelar el cambio climático, pero sí se pueden atenuar y controlar las
consecuencias, aplicando lo que la ciencia y la tecnología sugieren. ¿Unos ejemplos para
Piamonte? Control de la red hídrica (ahora 35% de pérdidas); aumentar eficiencia energética y
reducir consumo; adaptación urbana y territorial; planificación territorial basada en escenarios
climáticos; diversificación del turismo alpino y promoción de baja temporada turística, protección
de ecosistemas alpinos.
Italia y Piamonte necesitan una estrategia integrada que combine infraestructura, agricultura,
industria, agua y turismo, con políticas públicas que faciliten la transición. La adaptación no es solo
ambiental: es económica, social, territorial y personal.
Lucia Bonato
Amigos de Italia (ADI)