Por Eduardo Blandón[1] y Gustavo García Fong[2]
La escritora guatemalteca Carmen Matute, Premio Nacional de Literatura 2015, miembro de número de la Academia Guatemalteca de la Lengua –AGL-, y correspondiente de la Real Academia Española –RAE-, no necesita presentación en el ámbito de las letras; ella se presenta sola: la precede una obra reconocida tanto en el plano nacional como internacional, la cual siempre precisará de una relectura. En el transcurso de su destacada carrera, su pluma ha construido escenarios que exploran la profundidad de la condición humana, lo que la ha convertido en una de las voces más destacadas y reconocidas de la poesía y narrativa contemporánea.
Su gran trayectoria ha sido ampliamente respaldada por la crítica y festejada con diversos galardones. Cada reconocimiento representa y confirma el impacto de su estilo único, capaz de transformar lo cotidiano en literatura memorable.
Hoy Eduardo Blandón y Gustavo García Fong han conversado con ella sobre su proceso creativo, sus inspiraciones y las historias que aún le quedan por contar. Para la La Gazzetta, el periódico del Sistema Italia en Guatemala es un honor y un privilegio publicar en este número su entrevista, a la espera que sea del agrado del público destinatario de la publicación.
Eduardo Blandón:
Se dice que el poeta siempre está escribiendo el mismo poema, de manera que en mi poesía los recuerdos de la infancia persisten. Son recuerdos de una infancia triste, llena de crueldad, desamor y desamparo, que constantemente aparecen en mis versos. Infancia como un siguán que nada ni nadie podrá llenar.
Estoy convencida de que la poesía es una poderosa forma de resistencia y denuncia. Muy lejos de las pancartas, la poesía también es subversiva y logra cambios, aunque no se den pronto. Precisamente en este año se ha publicado la antología Resistir: La luz de la poesía contra el caos del mundo, con la participación de poetas latinoamericanos, proyecto que fundó en París la poeta Rocío Durán Barba, que ya cuenta con su cuarta edición. Me siento muy honrada de estar incluida en esa antología.
Para mí es un proceso complejo. No pienso exacta o intencionalmente en uno de estos elementos, pero puedo afirmar que la imaginación es la que inicia el poema. Hace muchos años dediqué un poema llamado Muerte en Tamahú a un joven guatemalteco, a quien no conocí, después de leer en un periódico la terrible noticia sobre un campesino ahorcado por su propia carga, dos quintales de café en cerezo, cuando el mecapal se deslizó hasta su garganta y lo ahorcó. El impacto emocional que sentí me hizo imaginar durante meses al joven campesino, solo por el camino, su angustia; imaginé su vida, su casa, su familia… luego vino la palabra, un año después.
Los primeros desafíos fueron los propios. Temor, pensar que lo que escribía no tenía valor, no poder asumirme como poeta, miedo a la crítica, una total inseguridad sobre mi poesía. Luego llegaron los desafíos para publicar ¿dónde encontrar una editorial, un apoyo financiero? Pero tuve la fortuna de integrar el Grupo RIN-78, fundado por estudiantes de la Universidad Landívar con el fin de publicar sus libros. Con ese grupo publiqué varios libros, y cuando la crítica ya fue muy favorable para mi obra literaria se abrieron otras puertas, la Editorial Cultura del Ministerio de Cultura y Deportes, por ejemplo. Los desafíos se habían desvanecido en gran medida.
Definitivamente la poesía brota inspirada por alguien o algo, la poesía desnuda, no puede ocultar la verdad. Mis poemas sobre erotismo están pensados y destinados a alguien, lo mismo sucede con mi poesía de reclamo, con mi poesía de contenido social. A veces, se convierte en ese diálogo conmigo misma al recrear sucesos del pasado, la infancia, o el desamparo.
La “muñeca”, que personifica a una madre cruel y despiadada, nació de historias contadas en reuniones de mujeres que habían tenido una infancia triste debido al desamor, la negligencia, la crueldad de la madre. Creo que las mujeres no hablamos del sufrimiento por muchas razones, me parece importante entonces, escribir como una forma de denuncia. La “muñeca” en la sociedad guatemalteca se da en diversas formas y niveles, muchas veces sutiles, y creo que en gran parte se debe a la violencia que permea el tejido social, aún después de los treinta años de la guerra civil. (Me resisto a llamar “conflicto interno armado” a lo que fue una verdadera guerra civil). También la represión, la hipocresía, son factores que en gran medida se dan en las familias, y contribuyen a formar personas conflictivas.
Creo que sí, aunque ya existe cierta libertad para tratar el tema erótico femenino, en nuestras sociedades tan sacralizadas hay cierto rechazo al mismo. Las mujeres, principalmente, rehúsan hablar sobre el tema por pudor, ignorancia, vergüenza; no quieren hablar sobre su propio eros. Por otra parte, mucho de ese rechazo se debe a que la gente tiende a confundir erotismo con pornografía, lo cual es un grave error. La línea divisoria entre ambas es amplia, y definitivamente el erotismo es la estética del placer, mientras que la pornografía es la parte innoble del sexo.
Gustavo García Fong:
Debo aclarar que nunca desee ser escritora, para mí era algo inalcanzable, ni siquiera tal idea se atravesó en mi cabeza. Sí era, y sigo siendo, una lectora voraz, pero no perseguía o intentaba escribir, y no fui una escritora precoz o por lo menos no me inicié como tal a una edad temprana. Fue la gran poeta Margarita Carrera, mi mentora y luego amiga entrañable, quien me impulsó a escribir y publicar, después de leer algunos poemas míos. Publiqué mi primer libro a los 37 años de edad. A esa Carmen Matute que se iniciaba en el camino de las letras le diría que hay que seguir el llamado de la literatura, no hay que temer a la propia vocación.
Un poeta no puede permanecer indiferente ante el caos que desata la violencia y la desigualdad. Sin embargo, mi poesía tiene como eje el propio sufrimiento, el dolor, la soledad, la muerte. Creo que Guatemala me dio una conciencia social, una visión clara y precisa de las carencias, las desigualdades, el racismo, la pobreza, que inundan nuestra sociedad, pero todo ese dolor, esa carga emocional aún no se manifiesta en mi poesía en el nivel que yo desearía.
Antes de entender la literatura, entendí la vida por medio de autores que describían en sus novelas, cuentos y poemas, las condiciones en las que vivían los seres marginados, los más desvalidos. La lista es larga, pero comienzo con Charles Dickens, por ejemplo, con sus novelas sobre el trabajo infantil; John Steinbeck con Las uvas de la ira; Emile Zola y Gustave Flaubert, con sus novelas sobre las pasiones humanas, la explotación laboral, la cruda visión de su sociedad. Los poetas guatemaltecos principalmente, me legaron también la visión descarnada de la vida y la patria. Luis Alfredo Arango, con toda su poesía, especialmente su Historia oficial, y los demás poetas de Nuevo Signo: Delia Quiñónez, Francisco Morales Santos, Roberto Obregón, Julio Fausto Aguilera, Antonio Brañas. Todos ellos me dejaron una honda impronta, aunque fueron muchos autores más los que me marcaron.
Pienso que debo continuar trabajando los tres temas, pues siempre queda una especie de vacío, al igual que insatisfacción con lo que he escrito.
Ese libro nace de una dura experiencia personal, el duelo por la muerte del hombre que fue el amor de mi vida, el padre de mis hijos, mi compañero, mi cómplice durante 31 años. Su muerte me dejó devastada, y logré escribir ese libro pequeño, como un tributo a su memoria, durante los cinco años posteriores a su fallecimiento.
Es difícil escoger un solo verso, porque los poemas de este libro en conjunto reflejan mi filosofía de vida, mi visión del mundo, mi dolor por las injusticias, las desigualdades… Tal vez, en estos dos versos se resume mi filosofía de vida: hay que ir abajo del puente / para comprender. Para mí estos versos significan que uno debe ponerse los zapatos del otro, debe enterarse de las tragedias ajenas para tener empatía, debe conocer los problemas colectivos, el derrumbe de los valores inherentes al ser humano, con el fin de comprender y ser consciente del caos mundial, y resistir.
Me parece invaluable el rol y el trabajo que desempeña la RAE y las demás academias. Hoy, más que nunca, nuestro idioma debe mantener su riqueza, es indispensable cuidar su uso correcto, ante esa avalancha de palabras groseras, vulgares, y oponerse a la inaceptable tergiversación del español que propician algunos grupos. El intento de forzar el idioma para “visibilizar” el género femenino solo conduce a un galimatías. Ese es el importante papel que la RAE y demás academias desempeñan. Por supuesto, la RAE y demás academias siempre están dispuestas a incluir los nuevos términos de la tecnología, los deportes, las ciencias, que indudablemente deben formar parte del idioma español.
[1] Magíster en filosofía y en desarrollo. Profesor universitario y columnista de prensa; Presidente de la Società Dante Alighieri, Comitato di Guatemala.
[2] Doctor en Humanidades y Ciencias Sociales, miembro de número de la Academia Guatemalteca de la Lengua –AGL-, correspondiente de la Real Academia Española –RAE-, profesor universitario, investigador y jurista.