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DESDE CERCA NADIE ES NORMAL

Desde cerca nadie es normal”, más que ser una verdad, es una frase del psiquiatra italiano Franco Basaglia y el título de una exhibición fotográfica que fue la ocasión para presentar al público de los estudiantes de psicología, psiquiatría y medicina de la USAC una figura del patrimonio humano italiano, el mismo Franco Basaglia, quién propuso y obtuvo el cierre de los hospitales psiquiátricos con la Ley 180 en 1978.

Italia fue el primer País en el mundo que cerró los manicomios, empezando a finales de los ‘70 un camino hacia un cuidado basado en los conceptos de respecto, libertad y dignidad de los pacientes psiquiátricos.

Invité a una educadora, Ada Fariello y a una psicóloga, Giovanna Stefano, quienes trabajan desde hace 15 años en una Residencia socio asistencial de Nápoles, “Fontanelle”, que nació tras la reforma Basaglia. El manicomio de Nápoles Leonardo Bianchi cerró y los pacientes psiquiátricos fueron repartidos entre residencias más pequeñas, donde las dimensiones de los espacios eran más humanas y permitían la relación uno a uno entre el paciente y el operador. Su equipo, compuesto por una educadora profesional, una terapeuta ocupacional, una trabajadora comunitaria, una fisioterapeuta y una trabajadora social, se incorporó a un centro que, hasta entonces, estaba integrado únicamente por enfermeras y auxiliares sanitarios, dedicados a sus funciones de atención sanitaria, cuidado y vigilancia.

Fue algo totalmente nuevo. La figura profesional de Ada era una figura nueva, nacida gracias a la reforma psiquiátrica de Basaglia, una figura que en Guatemala no existe, por lo que fue muy interesante explicar las razones de su creación y el rol de Ada dentro de la Residencia (RSA-H) a los estudiantes del CUM: rehabilitar. La revolución de Franco Basaglia fue precisamente esto: considerar a los pacientes con enfermedades mentales como seres humanos, devolverle dignidad, respecto, libertad, tratarlos como se trata un doctor, un director, una madre, un amigo. Y esto se hace a través de actividades diarias que rehabilitan estas personas a la vida normal. Por ejemplo: ir fuera de la residencia todos los lunes a tomar café y a leer el periódico en el bar del barrio.

Hace 12 años, tras un año de su llegada en la RSA-H, Ada realizó con sus pacientes el proyecto fotográfico “Desde cerca nadie es normal”, que, en 2013, cambió profundamente la forma de trabajar e interactuar con los residentes del RSA-H. La exposición resultante fue fruto de un largo año de observación y comprensión de sus vidas marcadas por decenas de años de internamiento en el manicomio, por una institucionalización extrema que había destrozado sus vidas, les había reducidos a números, diagnósticos, despojados de su humanidad. Fue leyendo las historias de estas personas en los archivos del manicomio que Ada y su equipo llegaron a la convicción de que su tarea no era solo asistir y rehabilitar, sino restaurar la dignidad, la confianza y el amor. La exposición fotográfica nació de esta urgencia: dar rostro y voz a quienes habían sido invisibles, permitirles escapar de los muros de la segregación y mostrarse al mundo como individuos, ya no como simples pacientes. Por lo tanto, la exposición no fue solo un proyecto artístico y de rehabilitación, sino un acto de liberación. El equipo trabajó con cuidado y respeto, involucrando a cada huésped en el proceso creativo: desde las poses espontáneas hasta los momentos de juego frente al objetivo, pasando por la selección de las imágenes para la exposición, hasta la promoción del mismo evento, que hizo que los huéspedes salieran por primera vez en sus vidas de la residencia: las puertas se abrieron para que ellos salieran a invitar al barrio y para que el barrio entrara en la residencia a conocer a los “vecinos locos” que nunca habían visto.

Son fotografías hermosas a través de las cuales cada huésped parece decir “Estoy aquí, soy yo”, y que cuentan una nueva relación entre huéspedes y entre huésped y operador. Antes de la reforma Basaglia, el único contacto físico entre huéspedes era cuando peleaban, y el contacto con los operadores era inexistente. Con el trabajo de Ada y de su equipo, aprendieron a abrazarse, a besarse, a mirarse en los ojos, a confiar en los operadores. Aprendieron la ternura y el cariño.

Decidí promover esta parte de la historia italiana, la de la revolución psiquiátrica, a través del trabajo de Ada Fariello, y a través de la narración que hicimos en el Auditórium de la Escuela de Ciencias Psicológicas junto al psiquiatra Vladimir López y a la psiquiatra Mayra Becker, para comparar las historias de nuestros Países respecto a este tema, para poner en diálogo metodologías, filosofías, escuelas de pensamientos, herramientas distintas, para buscar una línea de cooperación, con la idea que quién experimentó algo que funcionó tal vez pueda sugerir ideas, activar pensamientos, cambios, obviamente tomando en cuenta todas las diversidades debidas a culturas distintas, aunque los frágiles son frágiles en todo el mundo, y el amor que se les debe se les debería igualmente en todo el mundo.

Fue un honor compartir el conversatorio con el Dr. López que fue Coordinador de Área en el Hospital Psiquiátrico Federico Mora, y con Mayra Becker, que nos habló de las denuncias presentadas ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos respecto al tratamiento de los enfermos mentales en Guatemala.

Invité a participar al conversatorio también a una joven psicóloga de la Universidad Landívar, Marie Claire Bathen Rojas, quien nos contó su experiencia en el campo de los trastornos mentales y las razones por las que eligió seguir sus estudios de psicología en Italia, en la Universidad La Sapienza de Roma, por la que acaba de ganar una beca del Ministerio de Relaciones Exteriores y de la Cooperación Internacional de Italia. Su razón principal es ir a aprender una psicología que toma en consideración el contexto socio-económico-cultural y biográfico del paciente.

Introdujimos el conversatorio con la proyección de una película italiana hermosa, “La pazza gioia” (Locas de alegría), del director Paolo Virzí. Una película que toca los temas de los que hablamos, que habla de las fragilidades de los pacientes mentales, de la importancia de reconocerles dignidad, respecto y también la libertad. Empezamos por la historia de Donatella y Beatrice, las dos protagonistas, personajes imaginarios, para llegar a las historias de Gigi, Olga, Raffaella, Ornella, Ciro y otros huéspedes de la RSA-H hasta llegar a las historias de los jóvenes del MOJOCA, el Movimiento de Jóvenes de la Calle, donde, el día siguiente, presentamos virtualmente la exhibición “Da vicino nessuno é normale” y comentamos la película junto a aquellos chicos que se identificaron con las protagonistas, habiendo vivido y viviendo experiencias similares. Y fue muy intenso el intercambio de historias y de experiencias con el responsable de salud, Luis Beltetón, quién se reunió con Ada Fariello y Giovanna Stefano pidiendo informaciones sobre las metodologías que utilizamos en Italia a propósito del cuidado de ciertos trastornos, pidiendo de compartir proyectos, sugerencias, ideas, de ayudarles a que todo el esfuerzo admirable que ya hace el Mojoca con sus propios recursos humanos y financieros vaya hacia resultados mejores.

Estoy segura que los encuentros con la USAC y con MOJOCA llevarán a futuras colaboraciones y alianzas entre nuestros Países.

Aprovecho de este espacio para informar a los lectores que la película está disponible gratuitamente, tras registrarse en la página iicguatemala.netfest.org, hasta el 4 de junio. Mientras que la exhibición, actualmente en la Escuela de Ciencias Psicológicas de la USAC, estará disponible en el Instituto Italiano de Cultura a partir del 10 de junio.

Quisiera agradecer a Ada Fariello y a Giovanna Stefano por viajar hasta Guatemala para enseñar la reforma iluminada de Franco Basaglia a través de sus trabajos, a Fray Herson y Luis Beltetón y a los jóvenes mojoqueros por abrirnos las puertas y hacernos sentir parte de Mojoca; a Telma Barrios por su energía y su capacidad de crear redes entre todos nosotros; a Karla Carrera por habernos acogidos en la Escuela de Ciencias Psicológicas bajo el bonito graffiti “estudiantado en RESISTENCIA” y quisiera agradecer a Oscar Josué Samayoa por haber creído en este proyecto y por toda su disponibilidad.

Y, citando Ada “a quién todavía está, a quién ya se fue, a quién creyó, pero también a quién nos dificultó, a quién observó y no solo miró, y sobre todo a los extraordinarios e inolvidables pacientes de Fontanelle”.

Hay un valor que acomuna muchas de las personas que se reunieron alrededor de este proyecto, el coraje. El mismo coraje que tuvo Franco Basaglia y que nos inspiró y nos sigue inspirando.

Anna Zolfo