Después de celebrar el nacimiento de la República, quiero regresar un poco en el tiempo para presentar un personaje muy interesante que marcó el rejuvenecimiento de la monarquía tras el establecimiento en Roma de la nueva capital del país en 1871. Se trata de la Princesa y después Reina Margherita de Saboya (1851-1926), la primera reina consorte de Italia, esposa del rey Umberto I, su primo hermano. En un país recién unificado, pero con costumbres, culturas, lenguas, estilos de vida tan diferentes, ella supo ganarse la admiración de todas las clases sociales, al punto que hoy se la define como una influencer de su tiempo, capaz de orientar gustos, moda, cultura y hasta las decisiones políticas de su esposo.
El rey Vittorio Emanuele II, hermano de su padre Ferdinando, la eligió como esposa de su hijo Umberto después del trágico accidente en que murió Matilde de Asburgo-Teschen, princesa inicialmente destinada a ser reina de Italia. Margherita tenía solamente 17 años y Umberto 24 cuando se casaron en 1868, con la dispensa de la iglesia, que normalmente prohibía el matrimonio entre consanguíneos. Su carrera política empezó con su boda y su residencia en Napoles donde, a finales de 1869, nació su primer y único hijo Vittorio Emanuele que será rey en 1900.
Entre Margherita y Umberto no fue un matrimonio romántico, sino dinástico, pensado para consolidar la Casa de Saboya. La relación fue correcta pero distante, también porque muy temprano después de casarse, Margherita descubrió que Umberto ya tenía varias relaciones extramatrimoniales. En vez de irse como lo había pensado al principio, se quedó, intepretando a maravilla su papel de reina consorte, parte de una “pareja de Estado” que en actos oficiales aparecía unida y armoniosa, cumpliendo los deberes institucionales y reforzando la imagen de la monarquía. Los separaba un carácter totalmente opuesto, que finalmente correspondía al papel que les pertenecía: él, la autoridad severa del Estado, ella la “cara amable” de la monarquía.
Al inverso de un rey reservado, muy conservador y autoritario, distante del pueblo y poco abierto a la vida cultural, Margherita siempre fue carismática, culta, muy hábil en relaciones públicas, capaz de fascinar y unir a públicos muy distintos, elegante y amante de las perlas, su joya de la suerte pues el nombre Margherita deriva del término griego “margarítes” (μαργαρίτης), cuyo significado es “perla”.
Amante de las artes y de la vida intelectual y cultural en la corte, dirigió un círculo cultural semanal que atrajo a artistas e intelectuales. Politicamente, tal como las mujeres de rango noble de su tiempo, fue conservadora, pero con grande sensibilidad social e intuición política. Se dio cuenta de que el interés dinástico y el prestigio de la Corona requerían el consenso de las masas populares y de los sectores burgueses además de los círculos cultos. Por ello, a lado de su esposo emprendieron varios viajes a través de Italia y sobre todo al sur, que siempre tuvieron mucho éxito.
La elegancia refinada no le impedía violar a veces la rígida etiqueta nobiliaria, lo que por un lado traumatizaba a los cortesanos, por otro lado le ganaba la simpatía del pueblo que apreciaba sus costumbres poco “regales” como, por ejemplo, manejar ella misma los carros de su colección (13, cada uno con un nombre de pájaro), agarrar una pieza de pollo con las manos, vestir trajes locales, fumar cigarrillos, pasear por los bosques, escalar el Monte Rosa y el Gran Paradiso, pasando noches en refugios de montaña.
Después del asesinato de Umberto I en Monza en 1900, Margherita se volvió reina madre, cerró definitivamente la residencia real de Monza para dividir su tiempo entre la Palazzina di caccia di Stupinigi (Turín), la villa de montaña de Gressoney (Val d’Aosta) y la residencia de Bordighera (Liguria), donde murió hace 100 años, en 1926.
Su enorme popularidad y el afecto que se mereció se encuentran en la cantidad de lugares que llevan su nombre: escuelas, hospitales, calles y plazas, montañas, refugios, lagunas, teatros, jardines, sin contar estátuas, dulces y hasta la pizza más patriótica y la oda de Giosuè Carducci Alla regina d’Italia.
Onde venisti? quali a noi secoli | Sì mite e bella ti tramandarono?
Lucia Bonato
ADI (Amigos de Italia)